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Viajar y comer, la mejor experiencia en Perú

La Barra
La Barra

Desde enero de este año, mi mejor amiga Adriana, la que vive en Chicago y trato de visitar frecuentemente, me dijo que había decido pasar sus vacaciones en Ecuador, pero que sería chévere poder irnos a otro lado también. Las dos opciones eran Galápagos y Machu Picchu, y por cosas del destino, pasajes baratos e impulso de quien escribe esto, ganó el segundo lugar.
Planeamos nuestro viaje a Machu Picchu, compramos los pasajes con la idea de poder estar por lo menos una noche en Lima y comer rico, reservamos hostales, compramos tickets de tren, entradas al parque y estuvimos por algunos meses listas y ansiosas por empezar esta aventura.
Teníamos un presupuesto bastante apretado pero como somos dos personas totalmente obsesionadas con la comida sabíamos que mas de algún lujo en algún restaurante nos íbamos a dar.
Así que reservamos para comer en Lima en el Restaurante La Barra, en Casa Moreyra, donde está también el famoso “Astrid y Gastón” del reconocido y talentoso Gastón Acurio, a quien admiro y respeto tanto después de este viaje. Desde el año pasado, Acurio delegó el mando de esta casa a su esposa Astrid y al chef Diego Muñoz, pero su esencia está presente por todos lados, en cada detalle. El lugar es una casa de hacienda muy antigua e impresionante que fue remodelada para albergar estos restaurantes más algunos salones de eventos, en el barrio de San Isidro.

Te reciben en el bar donde los muy atentos bar tenders te muestran la carta de licores, luego pasas al salón principal, muy moderno pero acogedor, con cocina abierta, donde cada detalle está tan bien cuidado y pensado. La Barra se define como un lugar espontáneo, travieso y casual, con una carta que cambia a diario de acuerdo a los productos que llegan de cada rincón de Perú y la creatividad del equipo de cocina. Es importante resaltar la frescura de todos los ingredientes, el trato que se les ha dado a cada uno de ellos y como están armonizados entre sí para formar platos llenos de sabores siendo fieles a la cocina tradicional peruana. Por sugerencia del bar tender pedimos para tomar dos Chilcanos, un trago típico a base de Pisco, limón y demás ingredientes, en este caso fueron frutillas, albahaca y naranja; después durante el viaje fue el único trago que pedimos, a excepción de un par de Cusqueñas, la cerveza de Perú. De entrada tuvimos los panes de la casa, con el aceite de oliva más delicioso que hayamos probado acompañado de sal de las minas de Maras que luego visitamos en el viaje, aceitunas verdes y moradas, maní garrapiñado con curry; maravilloso todo. Luego ordenamos Cebiche, Causa de Mariscos y Mini Quinua Burgers. La comida y la atención fueron excelentes de principio a fin. Los platos son para compartir, y con una excelente relación calidad-cantidad-precio. Una experiencia increíble, difícil de superar y podemos llegar a decir que fue una de las mejores comidas de nuestras vidas.
En Cusco quisimos seguir visitando los restaurantes de Acurio, así que estuvimos en Papacho’s y en Chicha.
Papacho’s es el restaurante de hamburguesas cuyo lema es “Todo puede ser hamburgueseable”. Mucho más moderno e informal, en un balcón con vista a la Plaza de Armas del centro histórico de Cusco, justo en la noche de los desfiles de Inti Raymi. Una experiencia de comida y atención de lujo. Pedimos la hamburguesa Papacha con tocino, blue cheese, saucoketchup y onion ring por sugerencia de mi amigo Juan Santoro que la había pedido hace unos meses en el mismo lugar. Una hamburguesa enorme digna de compartir entre dos, acompañada de camote frito y un té helado de menta y jengibre. Luego nos regalaron la tradicional chicha y pedimos tecito de coca para tratar de bajar la llenura. Este lugar nos gustó tanto y tiene una carta tan extensa y atractiva que el último día en Cusco decidimos regresar y pedir la Chaufa Burger, que contiene: hamburguesa, platano, huevo frito, cole slaw y la tradicional chaufa peruana. De postre sundae de helado de vainilla, brownie y helado de lúcuma más salsa de chocolate. Una vez más este lugar no nos desfraudó y fuimos felices por última vez en esta mágica ciudad.

Por sugerencia del mesero de Papacho’s , también visitamos Chicha, a pocas cuadras de la Plaza de Armas, en una casa también antigua y acogedora. Un lugar mucho más formal y muy morado haciéndole honor a su nombre. La carta incluye platos típicos de la cocina cusqueña pero también tiene especialidades del mar y cocina internacional. Esta vez pedimos Tiradito y Cebiche de Trucha, Crema de Papa con hongos salteados y huevo pochado, Chicharrón de Cerdo (muy parecido a nuestra Fritada) y de postre la degustación de Suspiro Limeño (Tradicional, Lúcuma, Camu Camu y Café, siendo los dos primeros nuestros favoritos). De tomar Chilcano para mí y Cusqueña para Adriana.

Definitivamente nos quedamos con ganas de seguir recorriendo Perú y su gastronomía tan maravillosa y encantadora. Cabe recalcar que la atención y servicio en todos los restaurantes fue de primera y la experiencia en general, increíble.
Si tienen la oportunidad de viajar a Lima o Cusco no se pierdan estos lugares, 100% recomendados. Nosotras planeamos regresar, esta vez solo para comer. La labor de Gastón Acurio por resaltar, rescatar y elevar el valor de de la gastronomía peruana es digna de aplaudir, celebrar y también imitar.
En el próximo post les contaré de nuestras experiencias paseando por estas dos ciudades y la increíble visita a la ciudad perdida de los Incas, Machu Picchu.
Gracias por leerme,
MJ

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